Día del Programador 2026: se me acabaron los tokens

“Se me acabaron los tokens.”

Hace algunos años esta frase probablemente no habría tenido ningún sentido en un artículo sobre programación. Hoy muchos sabemos perfectamente de qué estoy hablando. La forma en la que desarrollamos software está cambiando a una velocidad impresionante y, por eso, este Día del Programador me parece una buena oportunidad no solamente para celebrar, sino para pensar en qué significa ser programador en 2026.

A lo largo de los años he trabajado con PHP, JavaScript, TypeScript, Angular, MySQL, MongoDB, PostgreSQL, Python, Go, Docker, servidores Linux y muchas otras tecnologías. Algunas llegaron para quedarse, otras fueron reemplazadas y unas cuantas que parecían destinadas a desaparecer siguen ejecutando sistemas importantes muchos años después. Después de pasar por tantos lenguajes y herramientas, algo termina quedando claro: nuestro trabajo nunca fue aprender un lenguaje de programación; nuestro trabajo siempre ha sido resolver problemas. Las tecnologías simplemente son las herramientas que tenemos disponibles para hacerlo.

También ha cambiado mucho nuestra manera de encontrar esas soluciones. Durante años el ritual era bastante conocido: aparece un error, buscamos en Google y terminamos en una respuesta de Stack Overflow escrita por alguien que tuvo exactamente el mismo problema ocho años antes. Hoy puedo abrir una terminal y pedirle a un agente de IA que analice un proyecto, revise una implementación, consulte documentación, escriba pruebas o proponga una solución. Incluso podemos tener varios agentes colaborando: uno planeando, otro programando y otro revisando lo que hizo el primero.

Eso inevitablemente provoca una pregunta: si una IA puede escribir código, ¿qué papel nos queda a los programadores?

Creo que la respuesta es sencilla: el importante.

Una IA puede generar una función, crear una API o escribir una consulta SQL, pero alguien tiene que entender qué problema estamos intentando resolver. Alguien debe conocer las reglas del negocio, decidir la arquitectura, evaluar los riesgos y determinar si realmente necesitamos un microservicio, una cola de mensajes y cuatro contenedores… o simplemente veinte líneas de código. Curiosamente, mientras mejores se vuelven nuestras herramientas, más importante se vuelve el criterio del desarrollador.

Y ahí es donde encuentro especialmente interesante el momento que estamos viviendo. Ya no utilizamos la IA únicamente para preguntarle cómo resolver un error. Estamos empezando a diseñar flujos completos de trabajo alrededor de agentes: les damos contexto, establecemos reglas, limitamos permisos y decidimos qué puede hacer cada uno. De alguna manera, estamos comenzando a programar también el entorno en el que programamos. Quizá dentro de algunos años escribir manualmente cada línea de una aplicación nos parezca tan extraño como hoy nos parece desplegar un proyecto copiando archivos por FTP.

Sin embargo, las herramientas pueden cambiar muchísimo sin que cambien algunos fundamentos de nuestra profesión. Seguimos necesitando entender problemas, leer código, depurar, diseñar soluciones, conocer nuestros datos, comprender la infraestructura y aprender constantemente. Y seguimos viviendo esa experiencia tan particular que solamente otro programador entiende: pasar horas buscando un bug para descubrir que el problema era un carácter, una condición o una variable mal escrita.

No sé cómo programaremos dentro de cinco o diez años. Seguramente cambiarán nuestros editores, nuestros lenguajes y nuestra relación con la inteligencia artificial. Quizá dejemos de escribir buena parte del código que hoy hacemos manualmente. Pero mientras existan problemas que puedan resolverse con tecnología, seguirá haciendo falta alguien capaz de entenderlos y convertirlos en soluciones.

Porque al final no solamente escribimos código. Construimos posibilidades.

Así que feliz día a quienes están aprendiendo su primer lenguaje, a quienes mantienen sistemas que nadie se atreve a tocar, a quienes todavía dicen “en mi máquina funciona”, a quienes ahora programan acompañados por agentes de IA y, por supuesto, a quienes alguna vez tuvieron que detenerse porque…

se les acabaron los tokens.

Feliz Día del Programador.

// TODO: seguir construyendo cosas increíbles